sábado, 20 de agosto de 2016

Entre Campos de Trigo...

No, no se me había olvidado que estáis ahí, aunque parezca que si. Hace mucho tiempo, que tengo cosas por contar, pero a veces, los caminos dejan diferentes huellas, diferentes pasos, diferentes épocas y lugares.Pero... volví, con la mochila y por supuesto, mi compañera de rutas.
Nuevamente, enfocando, soñando y contando historias, sueños y anécdotas de todo este tiempo que ha pasado.
Y es que sin duda, se que habéis pasado, habéis leído y habéis comentado las antiguas historias, viejas historias, que en el transcurrir del tiempo, han quedado aquí.
Y tras esta declaración de intenciones, vayamos a lo que de verdad importa, que es lo que realmente es importante, que es nuevamente comenzar esta aventura.
Y comienza de una manera inmejorable, en el camino árido de un pueblo perdido, de cualquier lugar del mundo, donde la tierra seca, el cielo azul y el amanecer se unen en una sola conjunción, y donde parada mi mochila bajo mis pies, y mi cámara encendida, comprenden que llego el momento de pararse, observar y formar parte de ese entramado de sensaciones que despiertan en mi esos parajes. Calor, mucho calor en la recién estrenada salida del sol, ese que en mitad de la mañana, castiga los sentidos, haciéndote ver cosas que no son, o que realmente no están ahí. Mi objetivo se fijo en el campanario lejano, el zoom iba y venia, a expensas de lo que realmente quería captar. Imposible, coger na buena imagen de aquella cúspide de piedra con aquel calor, y con aquella lejanía. Así que no quedaba otra, que volver a colgarse la mochila sobre los hombros y comenzar a caminar, a medida que caminaba, el sol tenia mas fuerza, esa mínima brisa de aire caliente, para lo único que servia era para mover el trigo seco, que estaba a punto de ser recogido, y que me encantaba escuchar según caminaba, porque me recordaba a mi infancia, los veranos en casa de mama Luisa, eran momentos espectaculares, en los que los juegos, el sol, el verano, y la comida de mama Luisa eran lo mas importante. Gracias a ella conocí estos momentos, estos, y todos los vividos en mis viajes, guardados cada uno de ellos en mi memoria, ella fe quien me regalo mi primera cámara de fotos, pequeñita, apenas sin tecnología, y carrete tras carrete, todos y cada uno de aquellos veranos, viajaron conmigo a través del tiempo. Un tiempo que siempre le agradecí, porque me ayudo a mantener una pasión que nunca se escondió, que siempre ha estado ahí, y con la que vivo a día de hoy, La Fotografía.
Sin pensar, y después de todos aquellos pensamientos que me habían llevado a otros tiempos, el campo de trigo había quedado atrás, y entraba en aquel pequeño pueblo, con casas de adobe y pizarra negra. Dos arboles, coronaban la plaza, a la cual llegue en pocos pasos. Dos arboles y una fuente, alrededor unos arcos de piedra, que sostenían los tres edificios principales, el Ayuntamiento, el Centro de Salud, y un pequeño bar. Dos mesas de madera, con cuatro sillas y un calor infernal, así que me fui de cabeza hacia allí. La puerta estaba desgastada, roída por el tiempo, y con el ruido, todos  se volvieron hacia mi, todos... el Señor que atendía detrás de la barra, y dos personas mas, que sostenían un pequeño vaso de vino entre las manos, dándome los buenos días y la bienvenida al pueblo. no de ellos se levanto, y me estrecho la mano, soy Tomas, el Alcalde me dijo, que ¿es usted de algún periódico?, me pregunto.
No, soy Maite, le dije, una mochilera de recuerdos, le dije. Tras un rato de  conversación, en la que le tuve que explicar lo que hacia allí, porque y para que, y tomarme la botella de agua y el bocadillo de jamón, por cierto, muy rico, volví a retomar el camino, hacia aquel campanario que había visto de lejos. Pequeña, casi derruida, fotos, de cada rincón, y sobre todo de la piedra desgastada, que me había llamado tanto la atención. Y volví a caminar, y tras dejar aquellas casas atrás, todo el paisaje era mio, campos verdes, una arboleda a lo lejos, y las montañas mas lejos aun, pero sin duda, una visita a un pueblo perdido, un camino largo, seco y caluroso...todo sea por visitar y recordar a través de mi compañera, que estuvimos allí...



1 comentario:

Gabriel Riveros dijo...

Nuevos caminos por andar, nucas ciudades por descubrir, nuevas gentes con las que entablar amistad.
Y siempre una imagen que resume un sentir... Adelante pues!